viernes, 15 de enero de 2021

Internet, la otra cara de la moneda:

 

Es una evidencia que las nuevas tecnologías mueven el mundo. El acceso a internet al alcance de todos ha favorecido la búsqueda y recuperación de información. son muchas las profesiones que han cambiado debido a esta (r)evolución tecnológica, entre ellas, la traducción.

Son muchas las herramientas informáticas con las que el traductor trabaja a diario, y que resultan de gran utilidad para su trabajo. Podría decirse que, en muchos casos, internet es «nuestro mejor aliado». Gracias a internet podemos consultar miles de recursos terminológicos, glosarios, tesauros, diccionarios bilingües o monolingües, etc.; con la finalidad de documentarnos e informarnos de lo que requiera cada encargo. Con una simple búsqueda en la interfaz del navegador tenemos acceso a un sinfín de páginas web que nos ofrecen todo tipo de información. Sin embargo, el traductor debe estar entrenado a la hora de seleccionar y contrastar esa información. A menudo, no caemos en la cuenta de la cara oculta de internet. Al igual que todo el mundo puede acceder a la información, todo el mundo es libre de subir y publicar contenido a la nube. Así, es frecuente encontrar información falsa, artículos erróneos y llenos de faltas ortográficas, e incluso anuncios que resultan ser una estafa. Siempre hay que andarse con ojo avizor por si las moscas.

Resulta realmente novedoso para los traductores el desarrollo y la puesta en marcha de programas de traducción asistida (TAO) o memorias de traducción (MT). Son recursos que nos facilitan la labor, agilizan el progreso y mejoran el resultado de nuestra traducción. No obstante, la falta de conocimiento acerca de nuestra profesión y el funcionamiento de esos programas hace que muchas personas desprestigien nuestra labor. Existen tendencias que apuntan a que la traducción es un trabajo sistemático y automatizado que con el tiempo acabará siendo reemplazado por las máquinas. Me atrevo a decir que esto nunca será posible. Una vez comienzas a traducir te das cuenta de la diferencia entre una traducción humana y una traducción generada al instante por un programa. Hay textos cargados de sensibilidad, de ironía, de juegos de palabras, de rimas; pero, sobre todo, de «dependes». Todo texto conlleva la toma de decisiones, de decidir según el contexto y los factores a los que nos someta el encargo. De eso no entienden las máquinas y, es que, «no es oro todo lo que reluce».

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