lunes, 4 de enero de 2021

Convenciones textuales, un verdadero quebradero de cabeza

 

Muchos estudiantes que deciden comenzar la carrera de Traducción e Interpretación con frecuencia piensan que lo único que importa es la formación lingüística. Paradójicamente, hablar un idioma no es lo más importante cuando se trata de traducir. Obviamente, quienes dediquen su vida a ejercer esta profesión deben tener un buen dominio de los idiomas con los que trabajen.

Lo difícil de traducir no es la parte lingüística en sí, sino  la etnolingüística, es decir, la disciplina que estudia la lengua en función de la cultura y el contexto comunicativo. La Traducción es una profesión que conlleva el estudio de la cultura de las distintas lenguas con las que trabajemos. Al hablar de cultura tendemos a pensar en el modo de vida, las costumbres, la tradición, los valores e ideas que caracterizan a un determinado grupo social. Sin embargo, la lengua es una parte esencial de la cultura y viceversa. Parece algo evidente, pero no lo es tanto para aquellas personas que nunca se han enfrentado a un texto lleno de palabras intraducibles por tener un sentido completamente distinto de una lengua a otra.

Al aceptar un encargo de traducción, la mayoría de las veces nos sorprende ver que no es la terminología específica de un determinado texto lo que nos plantea más dificultad. Lo difícil de traducir, es darnos cuenta del estilo del texto. Las convenciones textuales seguidas por el autor del texto origen se han de tener en cuenta para realizar la traducción. Siempre que traducimos estamos produciendo un nuevo texto, y esas convenciones textuales o estilísticas cambian de una lengua a otra. No cambian por capricho ni porque sí, sino porque también son el reflejo de una cultura. Las convenciones textuales son las normas o pautas que se siguen a la hora de redactar, como toda convención, son las aceptadas por la mayoría.

Por una parte, el traductor debe conocer esas convenciones a la perfección, ya que cada vez que vaya a redactar en una lengua u otra; tendrá que adaptar el texto a sus receptores.  Un ejemplo bastante evidente sería la traducción de titulares de periódicos. En inglés se redactan de una forma mucho más breve y directa, a menudo sin incluir verbos en forma personal u omitiendo preposiciones y artículos. En español, es frecuente encontrarnos párrafos largos y farragosos mientras que, en inglés, el texto debe tener una estructura más sencilla y clara. Estos patrones de estilo también reflejan la cultura de una sociedad, aquellas características que tiende a atraer o repeler a unos determinados receptores. Para traducir es esencial adaptar de manera que consigamos una comunicación eficaz.

Por otra parte, esas convenciones textuales o estilísticas también varían aun cuando estemos hablando del mismo idioma. Son muchos factores los que se han de tener en cuenta a la hora de realizar un encargo de traducción. La edad de los receptores, la empresa o el periódico para el que trabajemos, la intención de la publicación del texto, así como el tiempo o la época de producción influyen a la hora de tomar decisiones y de estructurar el contenido de nuestro texto. La traducción de nuestro texto dependerá de todos esos aspectos pragmáticos que envuelven cada situación comunicativa

A modo de cierre, lo adecuado es tener una visión amplia de la realidad. Estar siempre en continuo contacto con las lenguas y las culturas con las que trabajemos. El fruto de nuestro trabajo será satisfactorio si tenemos en cuenta todo lo mencionado con anterioridad.

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