Muchos estudiantes que deciden
comenzar la carrera de Traducción e Interpretación con frecuencia piensan que lo
único que importa es la formación lingüística. Paradójicamente, hablar un
idioma no es lo más importante cuando se trata de traducir. Obviamente, quienes
dediquen su vida a ejercer esta profesión deben tener un buen dominio de los
idiomas con los que trabajen.
Lo difícil de traducir no es la
parte lingüística en sí, sino la etnolingüística, es decir, la disciplina que estudia la lengua en función de la cultura y el contexto comunicativo. La Traducción es una
profesión que conlleva el estudio de la cultura de las distintas lenguas con
las que trabajemos. Al hablar de cultura tendemos a pensar en el modo de vida,
las costumbres, la tradición, los valores e ideas que caracterizan a un
determinado grupo social. Sin embargo, la lengua es una parte esencial de la
cultura y viceversa. Parece algo evidente, pero no lo es tanto para aquellas
personas que nunca se han enfrentado a un texto lleno de palabras intraducibles
por tener un sentido completamente distinto de una lengua a otra.
Al aceptar un encargo de
traducción, la mayoría de las veces nos sorprende ver que no es la terminología
específica de un determinado texto lo que nos plantea más dificultad. Lo
difícil de traducir, es darnos cuenta del estilo del texto. Las convenciones
textuales seguidas por el autor del texto origen se han de tener en cuenta para
realizar la traducción. Siempre que traducimos estamos produciendo un nuevo
texto, y esas convenciones textuales o estilísticas cambian de una lengua a
otra. No cambian por capricho ni porque sí, sino porque también son el reflejo
de una cultura. Las convenciones textuales son las normas o pautas que se
siguen a la hora de redactar, como toda convención, son las aceptadas por la
mayoría.
Por una parte, el traductor debe
conocer esas convenciones a la perfección, ya que cada vez que vaya a redactar
en una lengua u otra; tendrá que adaptar el texto a sus receptores. Un ejemplo bastante evidente sería la
traducción de titulares de periódicos. En inglés se redactan de una forma mucho
más breve y directa, a menudo sin incluir verbos en forma personal u omitiendo
preposiciones y artículos. En español, es frecuente encontrarnos párrafos
largos y farragosos mientras que, en inglés, el texto debe tener una estructura
más sencilla y clara. Estos patrones de estilo también reflejan la cultura de
una sociedad, aquellas características que tiende a atraer o repeler a unos determinados receptores. Para
traducir es esencial adaptar de manera que consigamos una comunicación eficaz.
Por otra parte, esas convenciones
textuales o estilísticas también varían aun cuando estemos hablando del mismo
idioma. Son muchos factores los que se han de tener en cuenta a la hora de
realizar un encargo de traducción. La edad de los receptores, la empresa o el
periódico para el que trabajemos, la intención de la publicación del texto, así
como el tiempo o la época de producción influyen a la hora de tomar
decisiones y de estructurar el contenido de nuestro texto. La traducción de
nuestro texto dependerá de todos esos aspectos pragmáticos que envuelven cada
situación comunicativa
A modo de cierre, lo adecuado es
tener una visión amplia de la realidad. Estar siempre en continuo contacto con
las lenguas y las culturas con las que trabajemos. El fruto de nuestro trabajo
será satisfactorio si tenemos en cuenta todo lo mencionado con anterioridad.
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