Es una evidencia que las nuevas
tecnologías mueven el mundo. El acceso a internet al alcance de todos ha favorecido
la búsqueda y recuperación de información. son muchas las profesiones que han
cambiado debido a esta (r)evolución tecnológica, entre ellas, la traducción.
Son muchas las herramientas informáticas
con las que el traductor trabaja a diario, y que resultan de gran utilidad para
su trabajo. Podría decirse que, en muchos casos, internet es «nuestro mejor aliado».
Gracias a internet podemos consultar miles de recursos terminológicos,
glosarios, tesauros, diccionarios bilingües o monolingües, etc.; con la
finalidad de documentarnos e informarnos de lo que requiera cada encargo. Con una
simple búsqueda en la interfaz del navegador tenemos acceso a un sinfín de
páginas web que nos ofrecen todo tipo de información. Sin embargo, el traductor
debe estar entrenado a la hora de seleccionar y contrastar esa información. A menudo,
no caemos en la cuenta de la cara oculta de internet. Al igual que todo el
mundo puede acceder a la información, todo el mundo es libre de subir y
publicar contenido a la nube. Así, es frecuente encontrar información falsa,
artículos erróneos y llenos de faltas ortográficas, e incluso anuncios que
resultan ser una estafa. Siempre hay que andarse con ojo avizor por si las
moscas.
Resulta realmente novedoso para
los traductores el desarrollo y la puesta en marcha de programas de traducción
asistida (TAO) o memorias de traducción (MT). Son recursos que nos facilitan la
labor, agilizan el progreso y mejoran el resultado de nuestra traducción. No obstante,
la falta de conocimiento acerca de nuestra profesión y el funcionamiento de
esos programas hace que muchas personas desprestigien nuestra labor. Existen
tendencias que apuntan a que la traducción es un trabajo sistemático y automatizado
que con el tiempo acabará siendo reemplazado por las máquinas. Me atrevo a
decir que esto nunca será posible. Una vez comienzas a traducir te das cuenta
de la diferencia entre una traducción humana y una traducción generada al instante
por un programa. Hay textos cargados de sensibilidad, de ironía, de juegos de
palabras, de rimas; pero, sobre todo, de «dependes». Todo texto conlleva la
toma de decisiones, de decidir según el contexto y los factores a los que nos
someta el encargo. De eso no entienden las máquinas y, es que, «no es oro todo
lo que reluce».